Repercusión de las medidas económicas en el sector taurino

Enrique Garza Grau   •   23 de Julio, 2012

El Real Decreto Ley 20/2012, de 13 de julio de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad, sin duda, lo estudiarán nuestros nietos en los libros de texto como un hito en la historia de España, cuyas consecuencias políticas y sociales están por fraguarse.

Cada uno de los sectores afectados, que son la totalidad del cuerpo social, están escudriñando el impacto de la norma, que a corto plazo va a suponer la elevación brusca de la presión sobre la microeconomía de cada uno de los agentes económicos. Es evidente que el «gravamen» va a producir una hemorragia en la famélica y abandonada Fiesta Nacional, intratable con vendas y mercromina de última hora. Nadie en este sector presta atención al economista de cabecera, solo hay que tener un mínimo de capacidad de observación que permita seguir con la mirada el tiro de gracia que el bien jurídico buscado (competitividad) va a alcanzar de lleno en la sien de la Fiesta.

¿Cuántos discursos en Defensa de la Fiesta? ¿Cuántos políticos han paseado su amor a la cultura taurina? Podríamos hablar de millares en toda España dispuestos a poner en orden, aquello que sin ellos nunca se habría desordenado. Es el momento de que los conocedores del sector, los comités de expertos en todo, comiencen a valorar si posiblemente se está matando de amor a la tauromaquia.

La modificación del artículo 23 de la Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto Sobre el Valor Añadido, iguala todos los espectáculos taurinos al tipo del 21%. Evidentemente no va a ser este sector distinto a otros, pero lo ha sido siempre por discriminación negativa frente al resto de los espectáculos culturales y deportivos.

El sector taurino es el más intervenido de España. Se le exigen pliegos de condiciones en todas las plazas de titularidad pública, que constriñen el desarrollo y organización espontanea del espectáculo: control de precios, ganaderías, número de espectáculos, reserva de localidades para los cesionarios de plaza. Nada que ver con la libertad que se le da a las actividades deportivas de toda índole (en ellas incluimos el futbol en 1ª y 2ª división) a quienes se les dota de instalaciones públicas sin coste alguno y con cargo al erario público. Tanto loa política, no ha supuesto jamás un compromiso con la sociedad civil para apoyar este bien de interés cultural que forma parte de la invertebrada España y de su historia.

El sector viene demandando la entrada en el Ministerio de Cultura desde hace décadas, esperanzado de que en otro ámbito administrativo podría regenerar aquello que el intervencionismo ahoga; es lógico que se busque por los profesionales dar razón formal a la tauromaquia puesto que la razón cultural de hecho es incuestionable. No vamos a discutir la sustancia de las cosas, pero sí la forma. La entrada en Cultura no es un capricho, sino una necesidad natural. Cultura, procede del latín cultum, su significado es «cultivar», «crear»; los artistas son eso, creadores de belleza. En esencia deben estar tutelados por la institución que se dedique al fomento y divulgación de las industrias culturales, del cultivo de la belleza en toda su armoniosa grandeza a través de la luz de la tauromaquia.

El traspaso de competencias al Ministerio de Cultura ha tenido rédito político y mediático prelectoral para las distintas administraciones y, ningún desarrollo o fruto real para el sector taurino. La cesión de competencias viene taimada con evidencias del desconocimiento y frivolidad política de los gobernantes. Ayer se nombraba un traspaso de competencias, y en este momento se golpea con el martillo del IVA a la espalda de la tauromaquia sin que en ella se encuentre la resistencia del yunque.

A los pies de los caballos tributarios

Los Ministerios de Cultura y Hacienda han abandonado este bien de interés cultural a los pies de los caballos tributarios. La Reforma deja a la fiesta extenuada, al límite de sus fuerzas. La Administración actual es conocedora de que el espectáculo taurino es una creación artística en vivo; su organización necesita una inversión económica elevadísima, que ponga los medios para que en escasos minutos de pasión; la belleza que en potencia lleva en su alma el torero y el ese del toro, se transformen en la plaza en belleza en acto. Han de converger para que se eleve el duende sobre el círculo mágico y llegue al cénit la organización: tiempo, embestida, emoción, sinergia con el público. Y consentir las diosidades de la naturaleza: tierra, aire, agua y sol. Sin la suma de todos estos factores no hay espectáculo, y estas cuestiones etéreas hacen extremadamente diferente la fiesta tanto en el fondo como en la forma, al resto de las industrias culturales.

Sigue el político mirándose el ombligo y mandando medicamentos sin receta al sector taurino; las comisiones de expertos siempre abonarán algo, pero en este momento se necesitan benefactores objetivos no comisiones subjetivas. El Gobierno es consciente de que en el momento en que la recesión acechó la economía (2007) se produjo una caída progresiva de los espectáculos taurinos que alcanza en este momento el 40%. La Administración ha estimado en lo que al sector taurino se refiere que la subida del IVA del 18% al 21% en el caso de las corridas de toros, y del 8% al 21% en el resto de los espectáculos le va a suponer una recaudación de 3 puntos más en un caso y 13 puntos más en el otro. En el Ministerio de Hacienda deben saber, y saben, que no es así, puesto que conocen los datos y la idiosincrasia de estos eventos.

Ante una subida de los costes y debido a la recesión constante, los espectadores están optando o bien por no asistir a estos espectáculos, o sustituirlo por otro tipo de evento. Son de agradecer las fotos de la clase política en el sector, las hermosas lecturas parlamentarias en defensa del mismo, las declaraciones institucionales; esto llevado al terreno de la verdad, sería óptimo; movido por los vientos de la clase política, deja sabor a arsénico en el paladar del sector. Resulta imposible repercutir al público el coste adicional de un 21% del valor de la entrada en concepto de impuestos, por asistir a una expresión artística en estado puro, que tiene una carga de producción necesariamente elevada.

El futuro de la Fiesta

Los profesionales taurinos pusieron gran parte de sus esperanzas en la confianza que tienen en la voluntad popular y en la solvencia de las instituciones públicas; la primera no ha defraudado ni en los casos más difíciles y extremos; las instituciones han fallado siempre, buscando su propio beneficio e imagen frente a las demandas de la sociedad civil. Es el momento en que los discursos se tornen en hechos, y las líneas paralelas que trazan los políticos para separarse de la sociedad civil, se vuelven perpendiculares y coincidan en un punto para garantizar el futuro de la Fiesta. Siéntense, lean, valoren el daño emergente, comprueben los tipos de IVA que vienen aplicando y la subida real; y actúen abriendo espacios de libertad a la organización de los espectáculos taurinos, para evitar el look out inducido en vena por sobrecarga administrativa, si lo que se desea sinceramente es mejorar la competitividad.

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By | 2018-01-03T15:15:52+00:00 julio 22nd, 2016|SECTOR TAURINO|