Liberalismo: Crisis, Laicismo y Nihilismo desde la perspectiva próxima de Petit Sullá

Me doctoré en Humanidades y Ciencias Sociales y, en consecuencia, uno de los capítulos que aborda mi tesis es precisamente el que trataré a continuación. Gabriel Marcel hace una sublime descripción de la modernidad en su obra el Mundo Roto: «…- Denise, ¿tú no tienes la impresión a veces, si esto se puede llamar vida, de que vivimos en mundo roto? El resorte no funciona. Por el aspecto exterior se diría que nada ha cambiado, todas las cosas están en su lugar. Pero si uno se lleva el reloj al oído y trata de escuchar, no se oye nada. ¿Comprendes? El mundo, eso que hemos llamado el universo de los hombres, hace tiempo ya que no tiene corazón»

¿Por qué hablar de la crisis del liberalismo?

Hemos iniciado el siglo XXI después de un convulso siglo XX, en el que España comenzó sin reponerse de la crisis la hiperestesia del 98 —avivada sensibilidad—, parafraseando a Azorín: la susceptibilidad extrema hasta el dolor por la pérdida de Cuba y Filipinas, lo que suponía para España un descenso de rango como nación . El siglo XX finalizó con otra cromática: la 1 desintegración, cultural, histórica, jurídica y política de España envuelta en un estado de nihilismo asolador. El siglo XX se estreno con la Guerra Civil española de la que todavía no nos hemos repuesto. Con el advenimiento del nazismo y stalinismo que asoló Europa; en su ecuador, se ha intentado construir instituciones europeas cimentadas en el humanismo cristiano como alternativa al horror. Un vez asentado el marco europeo, surgieron tensiones conocidas como Guerra Fría y, no podemos dejar de resaltar que finaliza el siglo con la caída de los totalitarismo comunistas del Europa del Este. El XXI alumbra con un fenómeno novedoso: el humanismo cristiano ha sido arrastrado por las cunetas de la UE y el fundamentalismo islámico golpea las bases de la cultural occidental; tanto en el mundo anglosajón como el corazón de Europa. Creo que estaremos de acuerdo en que los valores cristianos se encuentran en España en caída libre y el Estado se desintegra, hasta el punto, de que aunque nos dediquemos a contar estrellas, no se debe obviar que la nación española está en proceso de disolución. Dicho esto llegamos a la primera conclusión: el siglo XIX terminó en España con la hiperestesia del 98; y, el XX, indolente y nihilista, que rima y todo.

¿Qué tiene que ver esto con el liberalismo?

Vamos a cincelar una breve referencia histórica, política y filosófica para encuadrar su origen; enmarcando el mismo, en los principios de la Era Revolucionaria expresados por Locke y, que fueron expuestos en la Declaración de Independencia de EEUU y las Declaraciones de Derechos francesa y norteamericana, que fueron el paradigma político del siglo XIX. ¿Que incluían estos ideales?: libertad de expresión, asociación y pensamiento; la seguridad de la propiedad y la participación política mediante el contrato social. Todo ello en principio suena francamente bien, pero las cosas han de apreciarse hasta el fondo, para sacar juicios de valor. La cuestión esencial se mezcla con el resultado del problema de la distribución de la riqueza, el bien común y la solidaridad. Por ende, desde las distintas escuelas liberales «Viena o Chicago» se propone recuperar la confianza en la «mano invisible» de Adam Smith dejando los problemas éticos al individuo, puesto que la justicia social carece de sentido en el sistema capitalista. Siguiendo a González de Carvajal , el capitalismo se 2 distingue por lo siguiente: todos los medios de producción son de propiedad privada; mercado libre, los precios los establece la oferta y la demanda; el trabajo realizado por el hombre es una mercancía; lo que motiva las relaciones laborales es el lucro y, es la búsqueda de éste lucro lo que garantiza la prosperidad general.

La filosofía liberal del derecho se basa fundamentalmente en Bentham y , por supuesto, Adam Smith. El liberalismo enlaza con el naturalismo posteriormente desarrollado por la escuela de Viena y Chicago: el orden natural es simple, armonioso y benéfico. Ésta premisa llevada el ámbito de la economía, ha de sostenerse con el dogma liberal de que «la economía de mercado debe sostenerse a sí misma, lo que deja al gobierno en un papel de importancia muy limitada ». Vayamos al tema que nos ocupa: ventajas e inconveniente prácticos del liberalismo sobre la ética social y su fricción con la doctrina social de la Iglesia. Vamos a abordar el liberalismo, desde el ámbito filosófico y teológico partiendo de la Encíclica Libertas Praestantissimum de León XIII (1888) — Papa de la Cuestión Social—, puesto que es mi ámbito de conocimiento y el motor de esta charla; para ello, es necesario especificar los tipos de liberalismo que distingue el Magisterio:

1. Liberalismo de primer grado. El simple naturalismo o racionalismo — parte de Spinoza—: aplica a todos los ámbitos de la vida la supremacia de la razón humana, negando el derecho natural y, la obediencia a la razón divina.

2. Liberalismo de segundo grado. Admite que existe una ley natural que actúa por encima de la voluntad humana. Entienden la libertad gobernada exclusivamente por la recta razón. Piensan que esto basta; niegan que el hombre libre deba someterse a las leyes que Dios quiera imponerle por un camino distinto al de la razón natural. Es decir, para ellos, Dios —el Dios cristiano, no el dios naturaleza— actúa exclusivamente a través de la razón. La voluntad general es conforme a la voluntad de Dios, puesto que es una razón común.

3. Tercer grado de liberalismo. Reconocen la existencia de la ley de Dios, pero esta ha de aplicarse solo al ámbito individual, no colectivo. Este el tipo de liberalismo que adopta la Constitución de 1978. Conviene incidir un poco más para abordar con nitidez el impacto del pensamiento de Spinoza en el liberalismo político y filosófico, debido a la 4 enorme importancia que le otorgan en sus respectivas obras la Escuela Tomista de Barcelona: inspirada en Ramière; fundada por Orlandis y vivificada por sus discípulos Canals, Forment y Petit Sullá entre muchos otros. El liberalismo para ellos —opinión que comparto— consiste en aplicar a la vida práctica de los hombres lo mismo que enuncia el racionalismo o el naturalismo. Para Enrique Ramière en su obra: liberalismo y soberanía social, afirma que el racionalismo es un error teológico, puesto que el hombre no es titular de la soberanía en cuanto la posee, sino en cuanto la recibe de un poder superior. Por tanto, para la ETB el liberalismo es un error político y teológico, puesto que no se puede envolver con un mismo manto los términos liberalismo y libertad: El liberalismo es la aplicación práctica del naturalismo —materialista— spinozista y en consecuencia «subversiva y amoral» , en tanto que niega la 3 existencia de Dios o lo reduce al ámbito de la razón que forma parte de la naturaleza. Y la libertad es otra cosa, un bien sagrado e intangible, como bien decía Ramiro de Maeztu: «si por liberalismo se entiende que cada ciudadano sea participativo, libertad es sinónimo de democracia…mientras que en los tiempos modernos se considera democracia el gobierno del pueblo por el pueblo, libertad es el sagrario intangible y valor absoluto. El liberalismo se ha identificado con el individualismo» .

4. La célebre frase cogito ergo sum convierte la razón en motor de la existencia; la razón es «luz sobre el candelabro» que sirve para alcanzar las 5 verdades absolutas. Busca el conocimiento mediante la razón. Erosiona de este modo la Verdad cristiana, el origen de las cosas, qué y cómo son las cosas y por qué son lo que son: la esencia de las mismas surge de la sabiduría de la naturaleza. Este es el punto de inflexión entre spinozismo y cartesianismo como contrapunto del cristianismo; las cosas no proceden de la creación realizada por Dios, sino que es la Naturaleza el origen de todas las cosas y su divinidad según Spinoza. Spinoza enarbola la demolición de las creencias; el desahucio espiritual del hombre y su asentamiento absoluto en la naturaleza como ente de razón. Sin duda, el liberalismo, necesita apoyarse en el concepto «naturalista» de Spinoza para sobrevivir y definirse: decíamos que para sustentar el liberalismo, debe aceptarse la razón natural: perfecta y armoniosa, como medio para distribuir justicia y riqueza. Esa misma razón que para Spinoza es, Dios. En cuanto al capitalismo —estructura para gestionar la producción—; se caracteriza:

a)Los medios de producción normalmente son de propiedad privada.

b) La actividad se rige por el libre mercado.

c)Existen pocos trabajos por cuenta propia, casi todos venden su trabajo.

d) El motor de la economía es el lucro.

Juan Pablo II en Centesimus annus advirtió del riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista:

…si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa. La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados; contra tales fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas de mercado » 

Descargar el artículo completo

By | 2018-01-03T15:17:15+00:00 julio 18th, 2016|LIBERALISMO|